El discurso del ‘minino’

JUL, 21, 2019 | - Por JORGE QUINTERO BONILLA

Un día como hoy en que me encontraba muy distraído mirando un accionar poco común, aunque en otra ocasión y hace muchos años, se dio lo mismo en otra administración gente con escobas, tanqueros de agua en las afueras del edificio municipal, una actividad que buscaba un pantallazo politiquero los nuevos y flamantes inquilinos del Cabildo municipal esmeraldeño. Sin sacar la vista de aquella mojiganga, absorto en mis pensamientos, vino a mi memoria el discurso de despedida, que como Alcalde de Guayaquil dio Jaime Nebot a sus conciudadanos guayaquileños.

30 años transcurrieron el cambio para Guayaquil muy positivo, por cierto, como para la sana envidia hoy una Perla del Pacifico con mucho brillo bien por Guayaquil. ¡Pero qué manifestó el ‘minino’ guayaquileño! en su parte pertinente!; (¿cómo se cambia una ciudad o país? (con cerebro corazón y con cojones). “Solucioné gran parte del problema; dejo una ciudad potencialmente desarrollada, bonita y ordenada”. Rematando su discurso dijo: “Así, sigan haciendo grande a Guayaquil que eso es hacer grande al Ecuador”.

Sin dudas, las personas que de cuando en cuando viajamos a Guayaquil por una u otra razón, nos sentimos maravillados de ver un Guayaquil pujante, moderno, bonito, limpio y ordenado; es elogiable observar una ciudad como para la sana envidia de nosotros los esmeraldeños y de otros sectores de la patria, que no han logrado ni la décima parte de desarrollo que han logrado las ciudades élites del Ecuador como son Cuenca, Quito y Guayaquil, con megas obras y otras maravillas más, convirtiéndolas en ciudades modernas, bonitas y atractivas para propios y extraños.

Es verdad que el centralismo absorbente nos devora, pero también es verdad que en estos últimos 30 años, con alguna excepción, hemos tenido funcionarios administradores de esta ciudad que les ha faltado, cerebro, corazón y cojones. En estos 30 años no nos han dejado una ciudad desarrollada potencialmente, ni bonita, peormente ordenada, lo que han dejado es un desastre y desorden, una ciudad que en su desarrollo avanza como una tortuga reumática.

Sin embargo, siempre estamos haciendo grande al Ecuador con nuestro trabajo y esfuerzo, poniendo nuestra humanidad a la contaminación de toda índole por todos los flancos aire, mar y tierra. Esmeraldas no es una ciudad próspera por la falta de unión de la dirigencia, porque prevalece más la politiquería y los intereses de sus grupos partidistas y de sus corporaciones politiqueras.

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