Julián Assange

ABR, 19, 2019 | - Por Ramiro Ruiz R.

Por Ramiro Ruiz R.

Desde hace mucho tiempo, Assange, se ha convertido en un símbolo de revelar secretos. El grupo de internet que fundó WikiLeaks, publicó comunicaciones clasificadas del gobierno estadounidense, además, correos electrónicos pirateados por la inteligencia rusa  destinados a afectar la candidatura presidencial de Hillary Clinton.

Aunque fue arrestado la mañana del jueves por las fuerzas de seguridad británicas por violar las condiciones de la libertad bajo fianza. En Estados Unidos inmediatamente le acusaron por conspirar y robar archivos de una computadora del gobierno.

Según sus partidarios, Assange es un mártir y defensor de la libertad de expresión. Mientras el gobierno de Estados Unidos le considera un paria y lacayo de Rusia. El cambio fundamental de opinión del gobierno de Ecuador afectó más su situación.

El asilo de Assange a la misión diplomática ecuatoriana resultó de la negociación conducida por el ex ministro Patiño. El consideró que el asilo al “hacker” facilitaría el uso de WikiLeaks en la lucha ideológica a favor del socialismo del siglo XXI. 

Julián Assange nació en 1971. Pasó su infancia en un campamento hippie. Su madre le había llevado después de abandonar el hogar. No volvió a ver a su padre hasta 20 años después. Lleva el apellido de la segunda pareja de su madre. Pero también se separó y se unió a un músico, miembro de una secta. Huyeron de los maltratos del músico de un lugar a otro, más de 30 veces. De esos primeros años le quedó, seguramente, el condición nómada y antisistema. Frecuentó más de 30 escuelas y seis universidades, pero no se tituló. Se hizo experto en computación y fundó una empresa de servicios de seguridad electrónica. Conservó siempre una vida desordenada y hasta desidia de su aseo personal. 

El arresto motivó la defensa de Assange como una persona que representaba la libertad de prensa. Especialmente de los seguidores de Rafael Correa que todavía creen en el populismo de segunda mano. Ellos sufren de nostalgia de las revoluciones fracasadas y corruptas. Defienden al caudillismo como un espantajo autoritario.

El correísmo creó una nueva realidad donde la anormalidad era aceptada como normal. La década pasada fue un laboratorio y licorería del poder. Fabricaron la bebida adictiva con ingredientes de descomposición propia del populismo vulgar.

La solución es la justicia y la limpieza de gente que defiende a un hacker y protege un sistema catastrófico. Muchos siguen alojados en el gobierno. Pero más todavía, el país requiere una limpieza mental. La sensatez es urgente para que el país viva al ritmo de la honradez y el respeto, al compás del pensamiento y el proceder inteligente.         

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