La Academia

JUL, 22, 2019 | 00:04 - Por FRANKLIN BARRIGA LOPEZ

Franklin Barriga López

El 24 de julio de 1909, en Quito, se suscribió el acta de fundación de la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos Americanos, dirigida por Federico González Suárez.

En junio de 1911, el pionero escribió célebre mensaje, con el título “A los jóvenes fundadores de la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos Americanos”, que conlleva lecciones de integridad humana y responsabilidad profesional que no se debe dejar de leer y, peor, olvidar: “Trabajad con tesón, con empeño, con constancia: no os desalentéis por las dificultades, no os acobardéis ante los obstáculos. Como la verdad es el alma de la Historia, buscad la verdad, investigad la verdad y, cuando la encontréis, narradla con valor”. 

En virtud del Decreto Legislativo del 27 de septiembre de 1920, publicado en el Registro Oficial N. 23, del siguiente día, se comunicó que “haciendo merecida justicia a la fecunda y patriótica labor de la Sociedad, el H. Congreso Nacional la reconoció con el alto carácter de Academia Nacional de Historia”, es decir como siempre debe ser catalogada: un orgullo ecuatoriano, la cima a la que aspiran a llegar los historiadores.

Han pertenecido y pertenecen a esta entidad intelectuales del mayor renombre: basta leer la lista de quienes la han dirigido para darse cuenta del nivel que tuvo y tiene esta institución científica, pluralista, sin ninguna bandería política o ideológica, dedicada exclusivamente al cultivo de la Historia en función del presente y del futuro.

A los 110 años de vida, con civismo y dinamia en el cumplimiento de sus nobles fines y objetivos, sigue la Academia afianzando la identidad y la cohesión del país, el orgullo y sentido de pertenencia, los más esenciales valores de la Patria.
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