Desempleo y dignidad

OCT, 22, 2017 | 00:03 - Por SARA SERRANO ALBUJA

“¿Qué podemos decir ante el gravísimo problema de la desocupación que afecta a los diversos países? Es la consecuencia de un sistema económico que ya no es capaz de crear trabajo, porque ha puesto en el centro a un ídolo, ¡que se llama dinero! Por lo tanto, los diversos entes políticos, sociales y económicos están llamados a favorecer un planteamiento distinto, basado en la justicia y en la solidaridad, que aseguran a todos la posibilidad de desempeñar una actividad laboral digna”.


Esta frase del papa Francisco se hallaba en una pequeñita hoja que reflexionaba sobre los derechos de los trabajadores y desempleados. La imagen sonriente de una panadera y su bandeja de palanquetas doradas vestía la portada. En oposición a esa alegría, pensé en cuánta preocupación y lágrimas provoca en nuestras familias el desempleo.


¿Será que tener trabajo en este país se convirtió casi en privilegio o derecho de personas afines a una tienda política?¿Será que no casarse con la corrupción o la sumisión es sinónimo de desempleo? Dignidad, creatividad, felicidad, comunidad, responsabilidad, transparencia, méritos, derechos, deberían ser palabras compañeras del trabajo y no clientelismo, serruchismo, explotación.


Hoy el país se ha concentrado en la batalla digna contra la corrupción. Pero entre los escándalos y agendas políticas nos estamos olvidando de que hay que pasar a la sanación, curar heridas, generar empleo y calidad de vida en este país roto por el desencanto. Un empleo ligado a la dignidad de la persona humana y a un proyecto social de futuro debería ser sostenible, no destructivo.


La Declaración Universal de los Derechos Humanos dice: “Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo”. Abundan leyes y constituciones y también ejércitos de desempleados. Los ecuatorianos podemos crear redes de solidaridad y asociatividad. Es hora de que hagamos nuestra propia revolución humanista y pacífica y forjemos empleos dignos como nuestros sueños.

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