Devoción a la Virgen de El Quinche llegó al Vaticano

MAY, 20, 2019 |

RÉPLICA. El mosaico en el que está representada la Virgen del Quinche fue bendecido en el Vaticano. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa.
FIGURA. La escultura de madera fue tallada en el siglo XVI, por el artista de la escuela quiteña Diego de Robles.
FE. Devotas acuden al santuario de la Virgen para pedir su protección.
ORACIÓN. En el templo de El Quinche, una mujer reza en silencio.
DECORACIÓN. La imagen de la Virgen permanece en el santuario.

Redacción EL QUINCHE

EFE

Considerada “Reina de Ecuador”, la Virgen de El Quinche, es una de las imágenes marianas más veneradas del país, foco peregrinación y una devoción que la han hecho valedora de una réplica en forma de mosaico en el Vaticano.

Entronizada en un imponente santuario de estilo neorománico que terminó de erigirse a principios del siglo pasado en esta pequeña población andina próxima a Quito, esta popular virgen fue visitada por el papa Francisco en julio de 2015.

Y esta misma semana los jardines del Vaticano, un espacio reducido en el que los papas suelen pasear y rezar el Rosario, cuentan con un mosaico de la artista ecuatoriana Doménica Barahona que reproduce a la Virgen de la Presentación de El Quinche.

La representación luce junto a una reproducción de la Gruta de Lourdes (Francia), una imagen de la aparición de la Virgen de Guadalupe (México), y otra de Santa María la Antigua (Panamá).
 

Devoción
“Saber que el mosaico de nuestra madre está en los jardines del Vaticano llena de esperanza, de gratitud al Ecuador y a nuestra Iglesia, que es muy mariana”, explica el padre Javier Ramiro Piarpuzan Castro, misionero oblato además de párroco y rector del santuario de Nuestra Señora de la Presentación de El Quinche.

Frente al retablo cubierto en pan de oro de estilo churrigueresco que alberga a la imagen, el fraile afirma que el pueblo ecuatoriano se siente “lleno de entusiasmo y profunda gratitud” por el hecho de que el “papa no solo nos visitó, sino que llevó a nuestra santísima virgen en su mente y en su corazón”.

Coronada como “Reina de Ecuador” en 1945 y reconocida reliquia patrimonial del país, la escultura de madera tallada en el siglo XVI por el artista de la escuela quiteña Diego de Robles, solo sale de su vitrina dos veces al año.

Es en la noche del 20 de noviembre y al mediodía del 21, cuando recorre la localidad rural en una procesión que llega a convocar a alrededor de un millón de devotos.

“La santísima Virgen de El Quinche es una imagen que lleva más de 427 años. Es la fuente, lugar y medio por el que el pueblo ecuatoriano expresa su fe, fortaleza y esperanza y celebra la vida”, describe el párroco del santuario.
 

Imagen
Entre sus haberes guardados, la Virgen cuenta con un rosario que le regaló el papa Francisco, comenta el fraile antes de subrayar que suele ser “la gente sencilla, humilde la que viene a buscar a dios en el rostro maternal de esta bendita imagen”.

De apenas 66 centímetros, la talla de rostro moreno está revestida por un amplio y lujoso ropaje de brocado cubierto en gemas, bordado con hilos de oro y plata, y reposa sobre una gran media luna apocalíptica, que realza su diminuta figura.

En su mano derecha sostiene un cetro y en la izquierda al niño con el mundo en actitud de bendecir, una figura que cuenta con réplicas en diferentes partes del mundo como España y Estados Unidos, de numerosa comunidad ecuatoriana y donde también propicia peregrinaciones.

“Esta virgen representa muchísimo para mí porque he tenido muchos milagros de ella en la salud y el hogar. Gracias a ella estoy aquí”, relata Yolanda Pilicita, una devota de 56 años que ha viajado hora y media desde la ciudad de Machachi.

Entre los centenares de milagros que se le atribuyen destacan al menos tres que han sido reproducidos en cuadros e incluso en los relieves del propio altar del santuario.

Cuentan los pobladores que medio siglo después de la conquista en tierras ecuatorianas, los indígenas del pequeño caserío de Lumbisí, desearon tener una copia de la Virgen de Guápulo -aledaña a Quito-, aunque el párroco afirma que se pretendía emular a la de Guadalupe mexicana.

Diego de Robles esculpió una imagen en madera de cedro pero que los lugareños no pudieron pagar, por lo que la trasladó a la localidad de Oyacachi, donde la situó en un peñasco de la cordillera andina.

Narra la leyenda que el artista iba al cruzar un caudaloso río atravesando un puente cuando su caballo se despeñó y él quedó suspendido de una espuela, momento en el que juró que construiría un altar a la Virgen.

En ese momento, se cuenta que alguien lo ayudó a salir del abismo y que cuando quiso agradecer a su salvador no había nadie.