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La Balsa de los Sapos, el centro ecuatoriano que estudia 70 tipos de ranas

JUL, 11, 2019 |

NATURA. Este sitio también ha supuesto un ejemplo a seguir para otras muchas iniciativas a lo largo y ancho del mundo.

Redacción EFE

Un laboratorio científico en el país busca, desde hace 15 años, cumplir un gran rol en Latinoamérica en cuanto a la conservación e investigación de 70 especies anfibios: se trata de la Balsa de los Sapos, la cual alberga a más de 1.500 especímenes.

Es el más antiguo de toda América Latina y ha servido para que otras pequeñas iniciativas en Perú o Colombia vean la luz, ya que la región que aglutina este trío de países -junto con Brasil- es la que mayor diversidad de ranas y sapos tiene.

Según Santiago Ron, curador de anfibios del Museo de Zoología de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), la idea de esta iniciativa es, “por un lado, cumplir un rol de conservación para especies que están en peligro de extinción, pero también nos interesa muchísimo el tema de investigación”.
 

Diversidad
La Balsa se inauguró en 2005. En la actualidad, más de 1.500 especímenes de ranas y sapos de 70 especies conviven en este espacio, algunas tan emblemáticas como la rana Pacman, la de mayor tamaño y con una curiosa morfología que la camufla en su hábitat; o las ranas de cristal, cuyos machos son los encargados de cuidar de los huevos.

Entre los cantos de las ranas trabaja el administrador de la Balsa, Freddie Almeida, quien se dedica a alimentarlas, limpiar sus terrarios y humedecer su entorno.

“Más que todo, gracias a este proyecto, se ha podido conocer sobre la ecología de muchos individuos de los que no se sabía nada, de cómo se reproducen, de qué se alimentan”, apuntó.

EL DATO
Ha ayudado a tejer relaciones de colaboración con otros países amazónicos, donde hay abundancia de anfibios, sobre todo con Colombia y Perú.
A lo largo de sus estrechos pasillos, abarrotadas estanterías con terrarios en los que habitan, el más de millar y medio de ranas salen al paso, mostrando la gran variedad anfibiológica que tiene Ecuador, con distintas especies en función de su ubicación geográfica: las más grandes pertenecientes a zonas más bajas (Amazonía y Costa) y las más pequeñas que habitan en la Sierra.

De entre ellas, destacan las ranas mono, unos graciosos batracios de vida nocturna que tienen colores llamativos, o la familia de las ranas Jambato, que se creían extintas hasta 2016, cuando investigadores consiguieron localizar algunos ejemplares que ahora están siendo conservados y analizados en la Balsa.

“A partir de lo que hace la Balsa de los Sapos, se genera ciencia e investigación de primer nivel”, comentó con orgullo Ron.

Y es que, entre muchas otras investigaciones, en este laboratorio están estudiando los efectos que tienen las secreciones de la piel de algunas ranas en el combate contra células cancerígenas o cómo se puede pasar de un organismo unicelular y simple, como es el huevo de estos batracios, a un organismo completo con miles de millones de células en su etapa adulta.

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