Botero, más allá de lo voluminoso

SEP, 08, 2019 |

Karla Jaramillo Puertas

Cuando se viaja a Bogotá, uno de los sitios obligados a visitar es el Museo de Fernando Botero. Y eso hicimos. Nuestro recorrido inició por el Centro Histórico, llamado también La Candelaria. Su arquitectura, casas antiguas, palomas y viejitos jugando ajedrez, atrajeron nuestra atención, hasta llegar a la calle 11 Nro. 4-41, donde está el Museo, que alberga 123 obras, entre esculturas, dibujos, acuarelas y óleos. 

Al ingreso, la escultura de una mano gigante y regordeta nos da la bienvenida, para apreciar el trabajo de uno de los artistas latinoamericanos de mayor resonancia universal. Botero es conocido hasta en China, ¡no es broma! En enero de 2016, en Shanghái, se exhibió su obra compuesta por 81 óleos y nueve esculturas que permanecieron al aire libre. En Beijing estuvo en noviembre y diciembre de 2015. 

En el periplo del Museo se aprecia la creación pictórica del artista con su principal característica: el volumen de sus personajes, que lo usa desde 1950, plasmando personas pasadas de peso hasta rayar la obesidad. Se puede tomar fotografías pero no acercarse demasiado, ya que se activa la alarma de seguridad.  

Saliendo del lugar, nos  quedó el bichito de indagar más sobre su vida y obra…


Pérdidas
Botero, de 87 años, se quedó sin su padre cuando tenía 4 años y Pedrito, su único hijo de sus segundas nupcias, también murió cuando era niño. Sufrió un accidente de tránsito. En el incidente, el pintor perdió la falange (parte superior de los dedos) del meñique derecho. La oportuna intervención médica impidió que pierda la mano completa. 

De sus años de juventud recuerda el enorme placer que le produjo recorrer el Museo de Prado, en España, y admirar el trabajo de los grandes de la pintura, como Diego de Velázquez y Francisco de Goya. Quiso ser torero, pero al tener en frente al animal de más de 300 kg desistió. Su afición a la tauromaquia fue llevada también a sus pinturas. 
 

Torturas y más
Otras de las pinturas que sobresalen son las del narcotraficante Pablo Escobar y de las torturas a los prisioneros de Abu Ghraib, en Irak, por parte de los militares estadounidenses. En la entrevista realizada por Juan Cruz, en el Diario El País (España), respecto a este trabajo, Botero dijo: “Tardé un año en hacer los cuadros, me sentí liberado de aquella atrocidad moral que suponía tal injustica. Y por eso lo hice. Pero el arte no corrige nada”. 

En cuanto a pintar personas con sobrepeso, Botero, en otra entrevista realizada por el diario El Tiempo de Colombia, en marzo de este año, reconoció que el volumen fue un gran descubrimiento en la pintura y que el artista italiano Giotto di Bondone  fue quien la introdujo en los siglos XIII y XIV. 

Declaró, por otra parte, ser admirador del muralista mexicano José Clemente Orozco, quien junto con Diego Rivera y Rufino Tamayo, entre otros, son reconocidos por retratar temas como la Revolución Mexicana (1910), al hombre indígena y la lucha de las clases. 

Las figuras voluptuosas de Botero, tanto en pintura como en escultura, han estado presentes en varios países entre los que se destacan: Campos Elíseos en París (Francia), Quinta Avenida de Nueva York (Estados Unidos), Buenos Aires (Argentina), Madrid (España) y, por su puesto, en su natal Colombia. 

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Su vida
° Fernado Botero es el segundo hijo de tres, del matrimonio conformado por David Botero Mejía y Flora Angulo. A los 17 años trabajó como ilustrador en el periódico El Colombiano. Del primer matrimonio con Gloria Zea, exministra de Cultura en Colombia, tuvo tres hijos: Juan Carlos, Fernando y Lina. Su segundo matrimonio fue con la madre de Pedrito, Cecilia Zambrano. Está casado con Sophia Vari. 
 

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