Dos científicas que inspiran a las nuevas generaciones

JUN, 20, 2019 |

EXPERTA. El estudio de bosques de polylepis es la especialidad de Claudia Segovia.
PERSONALIDAD. Patricia Briceño es una destacada mujer de ciencia dedicada a la biología marina.

“Ten cuidado, te vas a caer. Siéntate bien, las niñas deben sentarse con las piernas cruzadas. Sé prudente. Mejor no digas nada”. Esas frases que escuchó en la infancia no marcaron la vida de la bióloga Claudia Segovia, quien a sus 46 años ha realizado investigaciones de relevancia internacional.  
Tampoco ha flaqueado frente a situaciones como la que vivió cuando realizó una consultoría durante ocho días en la Amazonía, con guías waoranis. Sus compañeros creyeron que sería la cocinera del grupo, pero ella hizo respetar su papel como botánica del equipo. 

Estos pasajes le hicieron comprende que tuvo que enfrentar a una sociedad machista, “que está acostumbrada a que quienes hacen ciencia, por lo general, son hombres”. 

Estudió Biología en la Universidad Católica, una maestría en Biología de Plantas y Medio Ambiente y un doctorado especializado en el estudio de bosques de polylepis. 

Hoy es una de las científicas más reconocidas del país por sus estudios acerca de la identificación de las diferentes especies de polylepis en Ecuador. También descubrió que el número de cromosomas de estas especies es variable, pues se replican conforme se adaptan al entorno (dándoles una característica de poliploides). Identificó, además, un ejemplar peruano, que se introdujo al país en los 80’, afectando a la dinámica de las especies locales.  

Sus estudios han contribuido a mejorar las herramientas de conservación y restauración de este tipo de bosques. 

“Descubrimos que, incluso, los bosques de la misma especie tienen diferencias en los genes unos con otros. No se puede plantar un polylepis de Papallacta en los Illinizas. Aunque parezca obvio, esto no se sabía antes”. 
 

Inicio 
La científica quiteña viajaba a Gualaceo (Azuay) todos los veranos, para pasar con su familia materna. Ahí acampaba, caminaba por las montañas, se bañaba en el río y se quedaba largo rato mirando a los peces, a los insectos y a las aves. Así aprendió a amar la naturaleza. 

Lo primero que dibujó en el colegio para la clase de Ciencias Naturales fue un colibrí bebiendo el néctar de una flor. En el bachillerato escogió la especialidad de Químico-Biólogo y en la Universidad se inclinó más por la biología. 

Para cursar su maestría en la Universidad de Ohio (EE.UU.) consiguió una beca pública. El reto lo asumió con su novio, con quien luego se casó y tuvieron una hija, que nació 15 días antes de que defendiera la tesis de su primer doctorado y cambió sus prioridades académicas.  

Años más tarde, volvió a intentar en la Universidad de Florida. Para entonces, ya tenía dos hijos (María Emilia, de 5 años, y Juan Diego, de 18 meses). Ahí sí logró terminar el doctorado, pero lo hizo en seis años de estudio.  “Veo hacia atrás y me doy cuenta que no solo nos graduamos mi esposo y yo. Nos graduamos los cuatro. Fue un reto de familia”. 

Maria Emilia tiene hoy 18 años y Juan Diego 14, pero  Segovia ha trabajado por más de 15 años en la investigación y ha publicado 15 artículos científicos a escala internacional y tiene varios estudios locales. 

Aprendió de grandes ejemplos a seguir como Laura Arcos, quien era decana de su facultad en la Católica, o Eugenia del Pino, “una de las científicas más brillantes y reconocidas del país”. Ambas la impulsaron a que se convirtiera en el ejemplo de otros jóvenes que aún cursan sus carreras universitarias. Con esa visión da clases en la Escuela Politécnica del Ejército. 

“Es importante que las chicas tengan un ejemplo a seguir. Una imagen de una mujer que ha luchado para llegar hasta donde está, como fueron en su momento Laura Arcos o María Eugenia del Pino para mí. Tal vez, si no fuera por ellas, no estaría hoy hablando de ciencia”. 

CONGRESO. Las expertas participaron del segundo Seminario Internacional del Impacto de mujeres en la ciencia organizado por Ciespal.

Océano de emociones
Patricia Castillo Briceño tiene 40 años. Es bióloga marina, especializada en Biomedicina animal.  Ha trabajado durante alrededor de 10 años en el estudio del cambio climático en los mares y ha investigado como el CO2 que el agua absorbe por la contaminación cambia la dinámica de los animales. 

Este conocimiento le ha permitido realizar proyectos de divulgación para productores de acuacultura y ministerios. 

La científica tiene 59 publicaciones a escala nacional e internacional y forma parte de la red global de investigadores de la acidificación de mares. 

Los estudios de Biología Marina los hizo en la sede de Bahía de Caraquez de la Católica. “En ese entonces era la única universidad que ofrecía esta carrera”. Además, cursó su maestría en acuacultura marina y el manejo de la calidad de agua en piscinas de cultivo, con una beca en Bélgica. Su doctorado lo enfocó a la evolución del sistema inmunitario de animales marinos en España. 

Su pasión por el mar nació a los 13 años. El trabajo de su madre las obligó a  radicarse en Manta. Esto le permitió ver el mar más allá del sentido turístico.  Casi se ahoga y las fisalias (agua mala) le picaron más de 30 veces, pero eso le permitió ver gusanos de mar color esmeralda y otras maravillas del océano. 

Su curiodidad se acrecentó cuando le hablaron del chame,  un extraordinario animal que puede vivir tres días fuera del agua, regresar y continuar su vida normal. Puede vivir en agua dulce, agua salada y santuarios. “Cuando escuché lo que hacía me sorprendí, no sabía que un ser vivo podía hacer todo eso”. 

Pese a que participa en varios congresos y eventos internacionales, uno de sus objetivos es conseguir que la ciencia tenga más fuerza en Ecuador. Para aportar a esto, creó un grupo de investigación con dos expertos del país. 

Su mensaje a jóvenes y niños es que persigan sus sueños más allá de los problemas. Sin importar lo difícil que se ponga el camino. (ECV)

Una realidad a escala regional
°  Para Lucía Ciccia,del centro de investigaciones y estudios de género de la Universidad Autónoma de México (área de género en ciencia, tecnología e innovación), la realidad que vive el país en términos de la relevancia de la mujer en la ciencia es similar a la que se vive en el resto de la región. Ella explica que existe una feminización y masculinización de carreras, donde las de  ‘hombres’ son más técnicas y las de ‘mujeres’ se dedican a la comunicación o humanidades. Opina que la mejor forma de luchar ante esta realidad es visibilizar el problema y presionar a la generación de políticas públicas, que equiparen la presencia de hombres y mujeres en el ámbito científico y permitan generar cambios en los puntos de vista sociales ante estos problemas. 
 

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