¡Cómo entender!

FEB, 19, 2019 | 07:25 - Por Andrés Panchano

Andrés Pachano

¡Es que el fanatismo es ciego y enceguece!

El título de esta nota debería estar entre signos de interrogación; pero no, lo pongo admirado entre sus signos, porque no caben las preguntas al leer incrédulo ciertas “reflexiones” escritas y repetidas en las redes sociales.

He leído en uno de esos ‘sitios’ a una misma persona condenar -como se debe- la execrable, pavorosa, violación en grupo a una mujer en una discoteca de Quito, para a renglón seguido leer sus “reflexiones” escribiendo algo así como que “ellas mismo se prestan porque van solas a esos sitios y vestidas provocadoramente”; ¡cómo entender!

Se critica acerbamente la tortura, el hacinamiento carcelario, lo infrahumano de las prisiones, pero manifiestan su feroz admiración a dictadores hacinadores de cárceles. Hay que leer el siguiente testimonio en un juicio en Brasil al reo por tortura de nombre Carlos Alberto Brilhante Ustra, comandante del temible Doi Codi de la dictadura brasileña de 1964 a 1985: “…Llevó a mis hijos a una sala, donde yo estaba sentada en la ‘silla del dragón’ (instrumento de tortura mediante choques eléctricos), desnuda, con vómito y orina por todo mi cuerpo. ¿Qué es esto?, mis hijos tenían cinco y cuatro años de edad…”; el capitán de la reserva del ejército brasileño, Bolsonaro, hoy presidente de ese país públicamente recordó su admiración a ese asesino violador. ¡Cómo entender!

Leía incrédulo a una misma persona que “replica” incansable los textos que condenan terribles juicios “sumarísimos” en la época de la revolución cubana y a renglón seguido aplaude incontrolable las persecuciones y asesinatos orquestados por las extintas dictaduras del sur del continente, bajo la manida justificación de que es “por el bien de esas naciones”.

Otros justifican y son solidarios con la inmensa migración venezolana, pero en su momento fueron duros críticos y condenadores furiosos de los escapes, de las fugas, que en su momento se produjeron desde Cuba o desde Alemania Oriental por ejemplo. Es que todo tiene el sesgo del ciego y enceguecedor fanatismo.

Digresión aparte, esos ‘criterios’, esas violencias, cada vez abonan a la decreciente credibilidad de las redes sociales.

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