Justicia criolla

MAY, 19, 2019 | 00:20 - Por RICHARD SALAZAR MEDINA

Richard Salazar Medina

La metida de mano en la Justicia de Correa, hoy paradójicamente prófugo de la misma, generó una institucionalidad a medida del seudo emperador. O sea, una sastrería de sentencias, a veces millonarias, cuando se trataba de castigar a quien se supone habría ofendido la “Majestad presidencial” (la sola frase es una contradicción, si es Majestad, es monarquía, no democracia). En esa década, el Consejo de la Judicatura suspendió, sancionó o persiguió a cualquier juez que no actuara bajo los lineamientos del avezado gobernante con ínfulas de rey.

Ello se supone que cambió con la renovación de las autoridades de control, incluida la Corte Constitucional y el Consejo de la Judicatura, que llevó a cabo el Consejo de Participación transitorio. Las personas electas en muchos casos, me consta, son transparentes e intachables. Pero, el cambio no depende solo del nombramiento de nuevas autoridades. Es un camino más largo y complejo, ya que son instituciones con nóminas obesas de funcionarios.

Desde hace año y medio he sido testigo de ello, como ciudadano. Tuve que interponer un juicio por un tema de derechos del consumidor que me dejó un importante perjuicio económico. Hay mucha gente inescrupulosa vendiendo productos u ofreciendo servicios de los que no están al tanto; el resultado, un consumidor víctima de la “viveza criolla”, tan naturalizada en la sociedad ecuatoriana. Se supone que era una causa que debía resolverse en no más de 3 ó 4 meses. Sin embargo, la jueza a cargo se ha caracterizado por no atender los plazos, sino luego de quejas y escritos anexos.

Hace seis meses hubo sentencia definitiva, resta ejecutarla, que en términos de la Ley debía suceder en un par de semanas. Pero hasta el momento no se ha dado, pese a recursos interpuestos posteriormente. Según la Ley, los jueces deben dar respuesta a estos recursos en 3 días laborables. Hoy, meses y escritos después, seguimos a la espera.

Parafraseando a Bolívar, la Justicia es la virtud que sostiene la igualdad y la libertad. Y digo yo, si la Justicia actúa infinitamente lenta, es exactamente lo contrario: el vicio de un Estado que no es de derecho sino una parodia. Así, los jueces se vuelven cómplices de los infractores y dejan al ciudadano honesto la certeza de que los derechos son una quimera.

No puedo cerrar estas reflexiones sin hacerle un homenaje al Dr. Julio César Trujillo, un símbolo de la lucha por la justicia y las causas de los más desprotegidos, de manera comprometida y desinteresada. Igualmente lo ha hecho contra la corrupción correísta, sacando fuerzas de la flaqueza. Un ejemplo a seguir. Su legado es enorme y la historia no lo dejará morir.


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