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Emocionante corrida de toros en Ambato

FEB, 24, 2020 |

Triunfo. Ginés Marín en una emocionante actuación. (Foto: Alberto Suárez)

Por: Santiago Aguilar

El premio de una oreja que recibió Manuel Jesús Cid al cabo de la lidia del cuarto de la tarde, la triunfal salida a hombros de Ginés Marín y el premio que recogió Álvaro Samper del corrido en segundo lugar son el registro de la notable tarde de toros cumplida ayer en la Monumental Plaza de Toros de Ambato, como primer festejo de la Feria de Nuestra Señora de la Merced.

Con un importante marco de público se corrieron toros de las ganaderías de Mirafuente y Vistahermosa de diversa presentación e interesante comportamiento, con la bravura y sus matices como denominador común.

Fue por delante el maestro Cid que se gustó toreando al que abrió plaza, al que lanceó a la verónica con cadencia. La calidad de su oponente propició el toreo sobrio con la mano derecha, en cuatro series de pulcro trazo, complementadas con dos secuencias de toreo al natural marca de la casa. El viento incomodó al torero; sin embargo, la compostura y la solera dieron forma a la última parte de una labor que merecía premio. La res tardó el doblar tras una estocada entera que equivalió una ovación final. 

Adiós. El Cid brilló en Ambato en su última corrida. (Foto: Alberto Suárez)

En el cuarto, frente a un astado de menores prestaciones, El Cid irguió la figura en tres breves tandas con la diestra, que tuvieron empaque y categoría. La estocada con travesía no obstó la entrega de una oreja con aroma a despedida y a nostalgia. 

El ecuatoriano Álvaro Samper recogió un trofeo del segundo, tras una meritoria faena en la que demostró inteligencia y poder para, someter primero y conducir después, las enrazadas embestidas de un exigente oponente que reclamó claridad de ideas y actitud.

En el cuarto, frente a un astado de menores prestaciones, El Cid irguió la figura en tres breves tandas con la diestra, que tuvieron empaque y categoría. La estocada con travesía no obstó la entrega de una oreja con aroma a despedida y a nostalgia. 

El ecuatoriano Álvaro Samper recogió un trofeo del segundo, tras una meritoria faena en la que demostró inteligencia y poder para, someter primero y conducir después, las enrazadas embestidas de un exigente oponente que reclamó claridad de ideas y actitud.

Oficio. Álvaro Samper también triunfó en Ambato. (Foto: Alberto Suárez)

Ginés Marín abrió la puerta grande de Ambato por su disposición de ánimo y buenas maneras. En el primero de su lote, las verónicas tuvieron ritmo como vistosas resultaron las chicuelinas del quite. El bravo rival tomó las telas con prontitud y  franqueza y desde ahí se construyó una labor derechista, desafortunadamente interrumpida por la lesión del toro en su mano derecha. Tras abreviar, el torero fue ovacionado. 

En que cerró la tarde, Marín concretó el doble premio con una faena entregada. Las saltilleras del quite con el capote en la espalda y el vibrante prólogo muletero con las dos rodillas en tierra, gustaron al personal que jaleo las series por cada uno de los pitones que tuvieron los méritos del temple y la quietud de planta. Un rotundo volapié desató la euforia que arropó al joven espada en su salida a hombros.

Al final, la ovación para unos y otros fue de lujo, al término de una emocionante tarde.